Mi propio Conde de Lautréamont

Mi propio Conde de Lautréamont

Para muchos no es un secreeto que Isidore Lucien Ducasse, Conde de Lautréamont ha guíado mis pasos desde mis primeros días de la adolescencia. Sí me lo permiten, les contaré.

Recuerdo que entrando en la secundaria la maestra de “Español”, en una clase mencionó a los “poetas malditos”, ya saben Rimbaud, Mallarmé, Baudelaire… y tuvo el buen tino de mencionar a Lautréamont. De cada uno hizo un pequeño brevario, pero recalcó que en lo personal no podía entender a Lautréamont, que le resultaba abominable y nos “recomendó” ni siquiera perder el tiempo en buscarle, y como buena adolescente lo prohibido me resultó cómo un imán, así que me dí a la tarea de buscarle en la biblioteca del colegio, sin suerte alguna sólo una referencia en la enciclopedia Quillet que tenía. Pasó apróximadamente un año hasta que encontré mi libro en una librería de viejo. Y sí, ahí las primeras estrofas que de seguro habían espantado a mi maestra, la advertencia al lector, los pasajes entre oníricas pesadillas mezcla de toda clase de animales, crueldad sin duda, odio y misantropía. Pero, ese pero que nos lleva a volver a la lectura, imaginarnos a ese chico de entre 17 y 23 años dejando sus estrofas como hijos de tinta gritándo y manifestando su rebeldía entre esas hojas que de tanto por mí leídas hacían que mi alma comulgara con sus pensamientos.

Encontré al Lautréamont niño, con sus grandes ojos oscuros… asustado por las uñas de Maldoror que se clavan desgarrando su tierna carne. Supe que sus pesadillas donde entraba en el cuerpo de un cerdo no eran más que mis propios sueños de niña renegada por sus propios padres.

Lo adopté y en mis primeros pasos hacia la madurez traía ese libro maldito llamado “Los Cantos de Maldoror”, traía el paraguas en mis días de lluvia y una máquina de coser para hacer mis propias historias. En mis rebeldías podía ladrar como el bulldog de Maldoror dentro del cuerpo de la hembra de tiburón.

Pero siempre al final del día, en el devenir de mi sangre corriendo por mis venas esa “sed insaciable de infinito”, es la que me hace renacer.

Gracias mi querido Sire, Conde de Lautréamont.

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Acerca de Veronica Miranda

Mi desarrollo en la escena oscura, data ya de varios años. Participando en distintos proyectos culturales: Música, performance, poesía y cuento. Matter Tenebrarum fue el primer proyecto de corte personal, al cual le siguieron proyectos alternos como por ejemplo la banda punk Agonía y la banda postpunk "Cadáveres" en México D.F. Entrados los noventas el desarrollo de Matter Tenebrarum se vió reflejado en el Necrozine del mismo nombre de distribución gratuita en el Tianguis Cultural del Chopo. Ya entrados en los 2000, y conforme a una sana evolución el proyecto a través de internet denominado "La Herencia de Maldoror", nos llevó a ser una comunidad preferida en msn groups. La oscuridad, la noche como sintesis en las letras. Maldoror, como el sire, y Lautreamont el Icono. Lo fantasmal de nuestros pensamientos, hace de nosotros la tangible idea de que la conciencia no muere. Gracias VM
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3 respuestas a Mi propio Conde de Lautréamont

  1. “Estoy sucio, los piojos me roen, los cerdos vomitan al verme…” mi primera frase leída al azar en los “Cantos”. Saludos de un Montevideano que vive en una ciudad llamada: Maldonado. En Uruguay claro.

  2. uno, trino y plural dijo:

    Alucinante, he ido de asombro en asombro, de placer en placer por esta entrada. Enorme descubrimiento.

  3. He llegado aquí traído por el mismo nombre que nos llama. Muchas veces caminé solo como siempre por esta orilla del Plata; tambien yo he bebido el aire salado de este mar y
    me he dejado acariciar por la furia de este viento que ha revuelto mis cabellos. Luego entendí el porqué del placer que esas sensaciones me regalaban. De alguna manera, hemos comulgado con él. Y cada vez que camino por sus calles que son ahora mis calles y paseo por esa costa que guarda aún el aliento de sus suspiros siento que nunca nos ha dejado.

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