Waldo “El León”

I
Todo comenzó en un sueño.
Soñaba entonces que era una ciudad elástica perdida en el macrocosmos de mis sueños.
De pronto el sueño se convirtió en pesadilla.
Me dió miedo mi condición de “humana”, en un mundo etéreo y extraño.
Era tan vulnerable a todo, que tuve la necesidad de idear la forma de protegerme.
En una ciudad extraña dentro de mis pesadillas.
Encontré que los niños eran felices de las manos de sus padres.
En ese mundo extraño dentro de mi mente, ví que las mamás tenían mi rostro
y los papás el rostro de mi Andy. Pero los niños difuminaban sus caras cuando mi mirada las buscaba. No insistí más. Sabía que soñaba, y eso podía explicarlo todo.
Pero, en las pesadillas incluso uno puede dormir.
Así, me quedé dormida. Fueron siglos los que pasaron.
Cuando desperté la ciudad se había transformado.

II

La ciudad palpitaba como un órgano humano.
Las venas eran las grandes avenidas. La sangre bombeaba intensa, en los corazones de los ciudadanos.
Sudaba la ciudad. Sudaba grandes ríos de autos y camiones polvosos.
Rabiaba con la furia de millones de minutos detenidos en la espera del convoy del metro.
Una ciudad visceral, sí la sentías por dentro.
Sí deslizabas tu lengua en el concreto
Sí la masturbabas con tus labios pegados al pene de la capital.
La ciudad nunca cierra sus ojos. Los mantiene bien abiertos. Con las córneas sangrantes
vigilando a las prostitutas desveladas. Agudiza las pupilas con el traficante y muchas veces, sí, tantas veces….delata al que mata.
Respira profunda por las entrañas de los drenajes profundos. Se sofoca y expele ruidos extraños y flatulentos que la gente respira al despertar en las mañanas.

Yo vengo de las altas montañas. Siempre creí que el Sol se coloreaba con rojos y amarillos.
Veo que aquí es diferente, esto es como el gris de mi mente drogada.

III

Cuando descubrí que todos usaban una máscara en el rostro. Imaginé la fealdad. No preciso mis pensamientos, no los puedo describir. ¡Qué equivocada estaba!. La gente era distinta, la gente era hermosa, como ángeles del cielo.
Sentí paz
Sentí paz en mis pesadillas
en mi mente adolorida
en mi mente desquiciada.

Te descubrí por casualidad. Yo vagaba sin rumbo y con las rodillas sangrando. Creo que el olor a sangre te llamó hacia mí.
Me sonreíste y quisiste ayudarme.
¡Eras tan niño!
Tus cabellos castaños y amarillos te hacían parecer un león.
Tus ojos llevaban el almendrado de los árboles de mi hogar.
¿Por qué recuerdo un bosque?
¿Por qué recuerdo un león?
¿Por qué los sueños dan pequeños secretos para ayudarme a vivir?

-Me llamó Waldo- dijiste con tu voz grave y fuerte

¡Ah!, ya recuerdo
Veo el bosque, en el origen germano de tu nombre.
Pero, ¿y el león?

-Soy como un león en esta selva de concreto- alcancé a escuchar mientras mi sueño-pesadilla se transformaba.

“Soy un león en la selva de concreto”

IV

Desperté.

V

No volví a soñar con Waldo “el león”, en muuuuuuuucho tiempo.
Crecí.
Me hice mujer.
Amé.
Fui madre.
Las pesadillas se convirtieron en mi realidad.

VI

Dormía en el autobús, con los audífonos puestos. Escuchaba a Preisner.
Entreabrí mis ojos. Ví que ya no había gente. Quise despertar, pero estaba
de nuevo atrapada en el sueño.
Sentí la ciudad ondular como una serpiente.
Sentí su lengua reptar por mi piel desnuda, mientras me encantaba
con una suave melodía arabesca.
La ciudad ardía.
Las balas chocaban y la gente caía fulminada.
Respiré el olor a la pólvora.
Ví las esquirlas por doquier.
¡Era la guerra!.

La ciudad alimentaba con sus grandes tetas de nodriza a las almas errantes como yo para aniquilar a los dulces ángeles que la habitaban.

Yo venía de la realidad, y eso quería la ciudad visceral.

Como en todo buen sueño, me ví de pronto caer en un abismo. Era yo distinta. Ya era una guerrera, pero no quería matar a ninguno de esos ángeles que no habían hecho otra cosa que procurar la paz de mis sueños.

Ví mucha sangre correr.
Escuché a la ciudad carcajearse hasta el orinar.

-Tú eres una de ellos-
Me dijo una voz escondida entre las sombras.

-¿Te conozco?-

-Tal vez nos conocimos hace mucho tiempo, entonces eras una niña-

-Quiero que te vayas de aquí-

-Te quiero ver-

Entonces saliste de entre las sombras y pude ver que habías crecido. Que tu pecho tenía la fuerza de mil leones. ¡Oh, sí….eras Waldo “El león”!

-Te acompañaré con la adormidera para que regreses a tu realidad. Aquí nos están acabando seres como tú-

Me abrazaste y me diste el beso más dulce que pude sentir.
Sentí tu abrazo y acaricié tu espalda.
Mis manos se deslizaban suavemente acariciando tus músculos poderosos.
Escuché el detonar de una pistola.
Sentí entre mis dedos tu sangre correr.
Te desvaneciste en mis brazos
y alcancé a escuchar tus últimas palabras.

-¿Por qué me heriste?-

Desconcertada ví en mi mano derecha el arma asesina.

-¡Yo no fui!-

-Yo no fui!-

VII

Desperté.

Viajaba en el autobús.
La calzada era la misma. La ciudad era tal y como yo la recordaba.
No había ángeles ni humanos asesinando ángeles.

El autobús se fue quedando solo
de pronto el chofer me preguntó cuál era mi destino.

Conocí la voz. Me era tan familiar.
Lo miré por el espejo cuando levantó el rostro para preguntar.

¡No lo podía creer!

Era Waldo “el león”.

Guiñó un ojo y sonrió.

Quizás después de todo, necesitaba morir para hacer mis sueños realidad.

FIN

Dibujo para el cuento Waldo "El León"

En la selva de concreto

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Acerca de Veronica Miranda

Mi desarrollo en la escena oscura, data ya de varios años. Participando en distintos proyectos culturales: Música, performance, poesía y cuento. Matter Tenebrarum fue el primer proyecto de corte personal, al cual le siguieron proyectos alternos como por ejemplo la banda punk Agonía y la banda postpunk "Cadáveres" en México D.F. Entrados los noventas el desarrollo de Matter Tenebrarum se vió reflejado en el Necrozine del mismo nombre de distribución gratuita en el Tianguis Cultural del Chopo. Ya entrados en los 2000, y conforme a una sana evolución el proyecto a través de internet denominado "La Herencia de Maldoror", nos llevó a ser una comunidad preferida en msn groups. La oscuridad, la noche como sintesis en las letras. Maldoror, como el sire, y Lautreamont el Icono. Lo fantasmal de nuestros pensamientos, hace de nosotros la tangible idea de que la conciencia no muere. Gracias VM
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